Los sufrimientos y muerte de Jesucristo

LOS SUFRIMIENTOS Y MUERTE DE JESUCRISTO

LOS SUFRIMIENTOS Y MUERTE DE JESUCRISTO

1. SU DISPOSICIÓN A SUFRIR
Los sufrimientos fueron una constante en la vida del Señor. Es significativo que Hebreos 10:5 cite de la LXX el Salmo 40:6: “mas me preparaste cuerpo”, donde en el texto hebreo dice: “Has abierto mis oídos” (lit.”horadaste mis orejas”) que alude a la ley de Éxodo 21:5,6 según la cual, cuando al final de los años de servicio un esclavo prefería quedarse con el mismo amo antes de alcanzar la libertad, el amo debía agujerearle la oreja con una lesna para que a todos fuese patente que se quedaba en aquella casa por amor y su propia voluntad. Esto fue lo que hizo Cristo. Por amor decidió ser esclavo (Fil.2:5-7), y por amor se entregó a la muerte.

Ya en el AT fue presentado proféticamente como el siervo sufriente de Jehová (Is.52:13-53:12). Y por haberse sometido voluntariamente al destino que el Padre le marcó, “verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Is.53:11; comp.Fil.2:9-11; He12:2); “Por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz”.
Cristo estuvo dispuesto a obedecer la voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias: “No se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc.22:42). Y “en esa voluntad somos santificados…” (He.10:10).

2. LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO EN GENERAL

Fue probado en todo según nuestra semejanza (Heb.2:17; 4:15) para que pudiera “compadecerse” (gr. sympathesai) de “nuestras debilidades”. El “padecer con” hace posible compadecerse en toda su plenitud.
Sus sufrimientos los vemos a lo largo de toda Su vida:

Nacer en un establo.

Huir a Egipto con sus padres.

La tentación.

Constante oposición por parte de fariseos.

Ingratitud aún de aquellos que curaba milagrosamente.

La incomprensión de Su propia familia y vecinos.

Viviendo siempre de prestado.

Traicionado por uno de Sus discípulos.

Negado por Pedro y abandonado por los demás.

3. LOS SUFRIMIENTOS DE LA PASIÓN
Queremos referirnos de una manera especial a los sufrimientos de la pasión porque fueron los más dolorosos, no sólo para el cuerpo sino también para Su alma y espíritu.
a) La agonía en Getsemaní.
Ya el vocablo griego “agonía” que usan los evangelistas nos da la medida del sufrimiento, ya que dicho vocablo significa “lucha”. Se libró una tremenda lucha en el centro mismo del ser humano de Jesús. En la cruz hubo tortura pero no hubo lucha, porque la decisión final ya había sido tomada en el huerto. Los evangelistas acumulan verbos para tratar de expresar de algún modo el sufrimiento de Jesús:

Mateo 26:37,38 – “comenzó a entristecerse” (gr.lypéisthai = apenarse) “y a angustiarse en gran manera (ademonéin = desazonarse por completo). “Mi alma está muy triste (perílypos = rodeada de una tristeza mortal), “hasta la muerte” (es decir presa de una tristeza mortal).

Marcos 14:33,34 – emplea casi las mismas palabras, pero usa el verbo “ekthambéisthai” = quedarse atónito de espanto.

Lucas 22:44 – Añade “puesto en agonía, oraba con mayor intensidad; y se hizo su sudor como grandes gotas de sangre que caían sobre la tierra”. La medicina tiene una explicación para este fenómeno. El sudor de sangre vino recién después de que el ángel confortara al Señor. Por donde vemos que este sudor singular fue efecto de una reacción tremenda, por la que la sangre que se había retirado al corazón, como ocurre en todos los casos de pavor, al agudizarse el clímax de la agonía con la compensación del consuelo angélico, se vino en tremendo rebote hacia la periferia, haciendo saltar las plaquetas y colándose finalmente a través de la epidermis.

Hebreos 5:7 – A los pasajes de los Evangelios le podemos añadir: “ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas”.

En toda esta descripción tenemos que tener en cuenta que Cristo tenía sentido de anticipación. Sabía lo que habría de venir. Por esta razón, al sufrimiento normal humano que sufre por el pasado y el presente, el Señor le añadió una tercera dimensión, el dolor de lo que le esperaba. De manera que en Getsemaní ya degustó los dolores físicos, psíquicos y espirituales que iba a experimentar en las próximas horas.

b) La flagelación
Otro de los más crueles que sufrió Jesús fue la flagelación, junto con la coronación de espinas. Los azotes eran realizados con correas rematadas por pinchos metálicos, cuyo tormento era tan doloroso y cruento que, a veces, el reo caía desvanecido sobre el tremendo charco de su propia sangre, y a veces moría. Para colmo, sobre esta espalda deshecha luego pusieron la áspera y pesada cruz.

La corona puesta en la cabeza de Jesús era de largas espinas que se introducían en el cuero cabelludo por la fuerza de los golpes, de manera que la sangre empapaba todo el rostro y cuello. Además por encontrarse allí innumerables terminaciones nerviosas, el dolor era infernal. ¡Cómo estaría desfigurado el rostro de Jesús, que hasta el embrutecido romano Pilato exclamó: “Mirad al hombre”! Con esto quiso decir: “Ahora ya estaréis satisfechos por la pésima apariencia”.

c) Los insultos
Durante su vida cosechó infinidad de insultos como: “comilón y bebedor, amigo de pecadores y prostitutas”, “samaritano, poseído de demonio”, además de las burlas de los soldados, etc. Jesús fue acusado de blasfemo ante el tribunal religioso y de sedicioso ante el tribunal político.

d) La soledad radical de Jesús
En Su ministerio público Jesús tuvo que soportar por un lado, la hostilidad constante de Sus enemigos, y por otro lado, la ignorancia e incomprensión de los Suyos.
Luego toda la sociedad se unió para clamar “crucifícale”. Nadie abogó por Él. Un malhechor fue liberado en Su lugar.

La soledad llegó a su clímax cuando llegó a la cruz. Allí entregó las últimas cosas que le quedaron: Sus ropas a los soldados, Su perdón a los verdugos, Su reino a un ladrón, y Su madre a un discípulo.
Allí colgado del madero, hasta el sol quitó sus rayos de la escena, y el Padre lo desamparó porque llevaba el pecado del mundo entero. Había sido hecho “pecado” (2Co.5.21).

4. EL TORMENTO DE LA CRUCIFIXIÓN

a) El tormento físico
Por los testimonios que han llegado hasta nosotros, la crucifixión era el más horrible de los tormentos. Único en la literatura antigua es el corto relato de Séneca (4-65 d.C.: “Él muere miembro por miembro y exhala su alma de a gotas”. Orígenes resumía la repugnancia de esta muerte como: “La más desfigurante muerte, la de la cruz”.
La agonía en la cruz duraba a veces varios días. Se acostaba al reo sobre la cruz. Grandes clavos eran pasados por manos y pies. Parece probable que los clavos fueron hincados, no precisamente en medio de la palma de las manos y de las plantas de los pies – puesto que desde allí habrían desgarrado del todo las manos y los pies – sino en el arranque mismo de la muñeca y de la planta, donde podrían ser retenidos por la muralla que forman, respectivamente, los huesos del carpo y del tarso.
La arqueología ha hecho su contribución para aumentar el conocimiento acerca de este tormento. Entre varios hallazgos, se destaca uno en el cual se ha encontrado un clavo de 10 cm atravesando un pie.
Luego la cruz era levantada y caía en un agujero hecho de antemano, con sacudón tan fuerte que desgarraba las heridas de los clavos. Otros afirman que era clavado en el poste trasversal y levantado luego al vertical dónde luego era sujetado.
El centro de la gravedad del cuerpo lanzaba a éste hacia fuera, produciendo un tremendo desgarro en las fibras musculares y en los tendones de las manos y de los pies. La lesión de nervios ultrasensibles causaba un dolor insoportable en cada movimiento.

Al crucificado le atormentaba una terrible sed a causa de la tremenda deshidratación producida por la grande y rápida hemorragia. Jesús no quiso tomar la bebida que le ofrecieron, que lo hubiera anestesiado un poco. Concientemente quiso sufrir todo para satisfacer Su sed de almas.
Los dolores de cabeza que torturaban al moribundo eran insoportables. Se le añadía fiebre alta, sentimientos de angustia, estados de shock por la gran pérdida de sangre, y colapso de la circulación.
La posición del cuerpo producía grandes dificultades al respirar. El martirizado sólo podía evitar la muerte por asfixia si se incorporaba siempre de nuevo, penosamente, sobre sus heridas en los pies y haciendo fuerza sobre las heridas de las manos.

Si se quería acelerar la muerte de los reos, se acostumbraba romperles los huesos de las piernas para evitar la posibilidad de levantarse. Esto se hizo en los malhechores crucificados con Jesús, pero no en Él dado que ya había muerto.

b) El tormento espiritual
Allí en la cruz “fue hecho pecado”. Gálatas 3:13 añade que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”. ¡No nos podemos imaginar lo que significó esto para el Santo, el que nunca había cometido el más pequeño pecado, ser hecho pecado y maldición, al punto que hasta Su amado Padre con el cual siempre disfrutó íntima comunión tuvo que apartar el rostro! ¡Tampoco nos podemos imaginar lo que significaba para el Hijo de Dios tener que morir, y esto en la forma más humillante y en soledad!
De esto, sólo es capaz un amor inmenso.

Todo esto lo sufrió por usted, para que por medio de Su muerte y resurrección pudiera tener la vida eterna. Jesús
En Juan 3:16 se encuentra la mayor muestra de amor y también el ofrecimiento más maravilloso y trascendente que exista: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Si usted se arrepiente de sus pecados y cree que Jesús murió en su lugar en la cruz para pagar su culpa aceptándolo como su salvador, será salvo para toda la eternidad.

Esteban Beitze

(Por cualquier duda comuníquese con nosotros)

5 Comentarios to “Los sufrimientos y muerte de Jesucristo”

  1. juanm carlos fagotti dice:

    quisiera saber que significado tenia los clavos puesto en las manos y los pies de jesus

  2. Abriel dice:

    Esos clavos eran para ti, pero el los soporto por amor a ti

  3. maria rivera dice:

    esto me a servido para una profunda reflecxion de mis actos tanto dolor por mi y por ud

  4. marta dice:

    QUE LA PAZ SEA PARA TODA LA HUMANIDAD

  5. LUCIA RAMOS dice:

    QUE DIOS NOS BENDIGA A TODOS

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