Los Héroes Desconocidos del Evangelio

La Biblia dice: “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro”

Queridos amigos, como ya se dijo el tema de hoy es: Los héroes desconocidos del evangelio. En Gálatas 6:3 y 4 dice así: “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro”.

 La iglesia se describe como el cuerpo de Cristo. Este cuerpo está compuesto por muchos miembros y cada miembro tiene su función. Por lo cual, cada miembro es importante. Pero, sólo al trabajar unidos somos funcionales. Si falta un miembro, todo el cuerpo queda discapacitado. El cuerpo de Cristo funciona en forma adecuada únicamente cuando todos los miembros trabajan en conjunto.

 En el libro de los Hechos se relatan las grandes cosas llevadas a cabo a través de los apóstoles. Pero junto a ellos también hubo otros “héroes desconocidos”. Hombres y mujeres que trabajaron entre bambalinas y que, a la vez, cada tanto aparecían en el escenario.

 Como por ejemplo: Los cinco diáconos: los que hicieron un trabajo poco visible

 En Hechos 6:3 al 5 leemos: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquia”.

 Todos conocemos a Esteban y a Felipe.

 Pero había otros cinco que realizaron una tarea de igual importancia en la iglesia primitiva. Su trabajo práctico y su entrega permitieron a los apóstoles el tener la libertad de realizar sus propias tareas. El trabajo de estos hombres casi no aparece en escena, pero era necesario e importante para el funcionamiento del cuerpo de Cristo. Lo mismo sucedió con los apóstoles que colaboraron en la extensión del evangelio que se lleva a cabo más adelante, ya no se los menciona (por ejemplo, Tomás, Andrés, Felipe, Simón el Zelote, Judas hermano de Jacobo, Bartolomé, Jacobo hijo de Alfeo, etc.). En Juan 17, vers. 9 al 11 leemos que nuestro Señor Jesús dijo acerca de sus discípulos: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros”.

Queridos amigos, si su trabajo contribuye a la expansión del evangelio, aunque sea secundario, es de suma importancia.

 Veamos el ejemplo de Ananías: la obediencia en lo pequeño

 Hechos 9:10 al 12 dice acerca de él: “Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista”.

 Ananías mismo no se convirtió en un personaje tan destacado como Pedro, Pablo o Santiago. Pero su obediencia fue el factor fundamental que Dios usó para introducir a Saulo (después Pablo) en la obra del Señor.

 Precisamente, esta obediencia en lo pequeño, es lo que hace que la obra del Señor se agrande.

El ejemplo de Lidia: nos muestra el valor de la hospitalidad En Hechos 16:15 y 40 leemos acerca de ella: “Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos… Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron”.

Lidia se convirtió, y a partir de ese momento les abrió su casa a Pablo y a sus colaboradores. Allí pudieron encontrar tranquilidad y un lugar para recuperar sus fuerzas. A partir de eso, muchas personas se convirtieron y en Filipos se fundó una iglesia. Ser hospitalario y saber estimular a los demás es de mucho valor. Esto alivia a otros.

En el ejemplo de Jasón vemos: la entrega desinteresada En Hechos 17:5 al 9 leemos: “Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. Pero obtenida la fianza de Jasón y de los demás, los soltaron”.

La acusación fue: “A los cuales Jasón ha recibido”. ¡Vale la pena que a uno lo acusen de semejante acción! Él se jugó la vida por el evangelio. Y no porque fuese un gran conferencista, sino simplemente porque puso su casa al servicio del evangelio. ¿Qué cosas ponemos nosotros en juego?

Veamos ahora al sobrino de Pablo: el mostró un valor ejemplar Lo leemos en Hechos 23:11,12 y 16: “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo… Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo”.

El nombre de este sobrino nos es desconocido. Se cree que después de la conversión de Pablo, su propia familia lo excluyó (lo podemos ver en Fil. 3:8). Pero este sobrino, de alguna manera se veía impresionado por la vida del apóstol. Si el presidiario era ciudadano romano, sus familiares podían visitarlo en la cárcel (así lo leemos en Hechos 24:23). Dios simplemente podía haber arrebatado a Pablo, como lo había hecho ya en el caso de Felipe (como lo vemos en Hechos 8:39). Pero no lo hizo pues tenía la intención de mostrarnos la importancia de nuestro servicio. Podría haber enviado un ángel. Pero utilizó al sobrino de Pablo para poder salvarle la vida al apóstol. Este joven tuvo el valor de revelar un complot de homicidio. Dios puede utilizar a cualquier persona, independientemente de su edad. Puede utilizar a creyentes jóvenes o mayores, los cuales confíen en Él y en cierto modo también sean valientes. La valentía de este joven en este caso consistió en que no se dejó llevar por la multitud, ni tampoco se adhirió a la opinión de los demás.

Tenemos también el ejemplo de Julio: en lo que fue un acto heroico Lo leemos en Hechos 27:1, 42 y 43: “Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta… y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar. Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra”.

El centurión Julio salvó la vida de Pablo cuando otros soldados querían matarlo. Fue por eso que el evangelio llegó a Roma. También a través de su entrega y valentía, el evangelio se sigue proclamando, ya sea en una forma destacada o no muy visible. Sea también usted una persona que no le dice que sí a todo lo que le susurran. Haga lo que el Espíritu Santo le indique.

Recuerde que: Usted es importante

“Dios pudo utilizar a un perseguidor como Saulo, a un playboy como Agustín, y a un jugador como Dostojewskij. Usó a un colérico como Martín Lutero y a un melancólico como John Wesley, a una persona callada como Tomás de Aquino y a alguien cuadripléjico como Joni Eareckson Tada”.1

 En las notas de la traducción Nueva Vida de la Biblia, dice lo siguiente: “el cuerpo humano tiene muchos órganos, pero sólo si están unidos estas muchas partes constituyen el cuerpo. Lo mismo ocurre con el cuerpo de Cristo. Los cristianos deben evitar dos faltas muy comunes: la primera: caer en el orgullo de lo que pueden hacer, y la segunda: creer que no tienen nada para contribuir a la iglesia de Cristo. En lugar de compararnos unos a otros, deberíamos usar los diversos dones que nos han sido dados para extender las buenas nuevas de la salvación…

 Al utilizar Pablo la analogía del cuerpo, habla de la importancia de cada miembro del mismo. Sin una de las partes que aparentan ser no tan necesarias, todo el cuerpo se torna menos efectivo. El hecho de considerar los dones propios como más importantes que los de los demás, es un síntoma de orgullo espiritual. No debemos ver con desprecio a aquellos que parecen menos importantes, ni tampoco debemos tener envidia de aquellos con dones más visibles. En lugar de eso, deberíamos utilizar el don que nos fue obsequiado y alentar a otros cristianos a poner en práctica su propio don. De no hacerlo, la iglesia se torna menos efectiva”.

 No importa que sea joven o mayor, no importa si tiene muchos o pocos dones, ni si su trabajo es muy visible o está detrás de bambalinas: ¡usted es importante!

Norbert Lieth

Escribir un Comentario