
¿Cuál es el efecto de la sal? ¡Hace tener sed! Ser sal se refiere a una vida que produce preguntas, que despierta añoranza, por la esperanza que hay en nosotros. Repetidamente nos han llegado solicitudes de información de personas preocupadas a causa del avance tecnológico y de los rumores acerca de un chip debajo de la piel. ¿Qué debemos pensar de eso?
Sin lugar a dudas vivimos en un tiempo fascinante y desde muy cerca presenciamos cambios grandes. Primero, la caída del Muro de Berlín en 1989, luego los atentados terroristas del 11 de septiembre 2001; actualmente, la crisis global del coronavirus, las guerras en el Oriente Medio y ahora todavía los esfuerzos de paz «exitosos» en y alrededor de Israel. Hace mucho ya que se habla de un cambio de siglo y de un nuevo orden mundial, y se nos impone la impresión, que se apresura el cumplimiento de la profecía bíblica. Como consecuencia del Covid-19 llegan a ser posibles cosas, que hace pocos meses atrás nunca se habría considerado como realizables: uso obligatorio de máscaras y medición pública de fiebre en la frente. Hay regulaciones nuevas. Cada vez más enfáticamente se habla de pagos sin efectivo, de vacunaciones y de un chip. Por un lado, las especulaciones y teorías de conspiración allí se pasan de la raya; por otro lado, cada cual ve que algo totalmente nuevo se nos viene.
Es muy posible que hayamos entrado en una fase en que la humanidad, homogénea y mundial, sea estimulada para el tiempo que nos es descrito en el Apocalipsis. Al final, habrá un imperio global con dos soberanos anti-cristianos, y el ser humano se verá obligado a aceptar una señal, sin la cual ya no podrá vender ni comprar (Ap 13). De ya no existir el dinero en efectivo, estarán perdidos los que no llevan esa señal (marca). En todo eso vemos lo rápidamente que se puede someter a pueblos enteros. En el periódico HAZ del 21 de agosto de 2020, bajo el título «La crisis del coronavirus es una oportunidad », dice, citando al Presidente del Parlamento Alemán Wolfgang Schäuble: «‹Europa como un todo debe tomar más responsabilidad, precisamente también en la política de seguridad y defensa› […] Al mismo tiempo él denomina la crisis del coronavirus como una ‹gran oportunidad› para Europa. ‹La resistencia
contra el cambio disminuye en la crisis. Ahora podemos lograr la unión económica y financiera que hasta este momento, políticamente, no hemos podido establecer›.» Aún así, debemos sostener sobriamente, que la señal está en conexión directa con la adoración de la «bestia», y que no tiene relación alguna con aquellos que ya pertenecen al Señor Jesucristo. «Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis» (Ap 13:14-18).
Según nuestro entender, el chip o una vacunación (obligatorios, NdeT) no deberían ser equiparados con la marca venidera… pero quizás hablamos aquí de una parte del camino hacia allí.
Que la marca no tiene relación alguna con la Iglesia de los cristianos nacidos de nuevo, lo demuestran los siguientes indicios bíblicos:
• Según 1 Corintios 6:1-3, la Iglesia está destinada a juzgar al mundo y a los ángeles. Como el tiempo del apocalipsis, incluyendo
Apocalipsis 13, es el tiempo del juicio de Dios para el mundo, partimos de la base que la Iglesia ya se encuentra en la gloria de Jesús y que, como Su cuerpo, juzgará al mundo juntamente con Él como cabeza. Recién cuando la cabeza y el cuerpo estén unidos se habrá alcanzado la plenitud, que cumple todo en todo; y los acontecimientos apocalípticos a continuación tomarán su rumbo (cp. Ef 1:23).
• La Iglesia de Jesús está sellada con el Espíritu Santo (Ef. 1:13; 4:30). Eso significa que ella no puede, a su vez, ser sellada con una marca diabólica, anti-cristiana, perdiendo así el sello del Espíritu. Si en el futuro los 144.000 sellados por Dios de entre las doce tribus de Israel no pueden ser dañados (Ap. 7:14), cuánto menos entonces la Iglesia que es el cuerpo de Cristo.
• La Biblia nos explica claramente, que el tiempo del apocalipsis es el tiempo de la ira de Dios (Ap. 6:16-17). De la Iglesia, sin embargo, dice que ella no está expuesta a la ira (1 Ts. 1:10; 5:9). Además, dice la Biblia, que solo los hijos de desobediencia están destinados para el tiempo de la ira del Señor (Ef. 5:6; Col 3:6).
• La Biblia enseña a la Iglesia su indiscutible seguridad de salvación en Jesucristo (ver por ej. 1 Co. 1:30; 2 Co. 5:17; Jn. 14:16; Ro 8:39; 1 Jn. 2:27; 3:9; 4:13 entre otros). Dice además, que aquellos que tienen al Espíritu de Dios testifican de Jesús (1 Jn. 4:2). Eso significa en conclusión inversa, que ellos no pueden negarlo por medio de una marca anticristiana. Si la Iglesia de Jesús tuviera que pasar por el tiempo del anticristo y de la marca, siempre tendría que tener miedo, y no poseería la seguridad de salvación. Además, se plantea la pregunta de porqué, después de 2,000 años, solo el resto de la Iglesia tendría que pasar por ese tiempo terrible de tentación.
• El tiempo de la Iglesia concluye con la plenitud de las naciones; luego, Dios se dirige otra vez hacia Israel (Ro. 11:25-26). El Apocalipsis nos muestra el tiempo en que Dios juzga, pero que también salva a Israel.
• En aquel tiempo, después de ser quitada la Iglesia y de completarse el cuerpo de Cristo, todavía habrá personas que podrán ser salvas. Pero estos ya no pertenecerán a la Iglesia del cuerpo de Cristo. Por eso, a ellos se les dará otra vez condiciones, como en los evangelios, a través de los cuales podrán ser salvos; es decir, fe y obras, mientras que Pablo escribe claramente sobre la redención de la Iglesia, que es por fe sin obras (Ro 3:28). Estos, entonces, también serán amonestados a no aceptar la marca, porque si la aceptan, no podrán ser salvos.
Norbert Lieth