
“Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona”.
Levítico 17:11

La sangre de Jesús es el elemento redentor. Cuando Él estuvo clavado en la cruz, cargando el pecado del mundo, todo el universo fue alcanzado. Pero esa segunda “separación atómica” espiritual, se llevó a cabo por causa de tu salvación y de la mía, querido lector. Si bien la primera “separación atómica”, separó a la humanidad de Dios, gracias a la segunda se abrió el camino para la reconciliación. El evangelista Mateo relata que las tinieblas cubrieron toda la tierra, y que “la tierra tembló, y las rocas se partieron”. ¡Qué fuerzas tan tremendas fueron liberadas por medio de la muerte de Jesús, no solo de la naturaleza, sino espirituales principalmente! Ningún otro elemento, a no ser la sangre de Cristo, fue capaz de separar el poder de las tinieblas que existía dentro tuyo y, a través de eso, ponerte en comunicación con Dios, porque debido al pecado, la muerte y Satanás, no teníamos acceso a Él. Jesucristo consumó esa “separación atómica” por medio de Su muerte en la cruz, ya que Él mismo fue hecho pecado. Ahora, ¿por qué la sangre de Jesús tiene tanto poder? Porque en Su sangre Jesús derramó Su vida eterna. Él la entregó, en el altar de Dios, en favor de nuestra reconciliación.
Por Wim Malgo



