
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Efesios 6:10-12

Somos exhortados a “pelear la buena batalla de la fe”. Sin embargo, no tengamos la presunción de pensar que es nuestra la fe por la cual luchamos, sino que luchamos en la fe de nuestro Señor Jesús. Eso también nos lo dice Pablo de forma muy clara: “Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios”. Jesucristo es el don inefable de Dios para nosotros, y en Él y por medio de Él, Dios nos dio la fe, Su fe. La Escritura dice que Cristo es el Autor y Consumador de la fe. Por eso mismo, nadie se puede gloriar de tener una fe fuerte y firme, sino que aquel que se gloría, debe hacerlo por conocer al Señor. Por este motivo, da gracias a Dios por haberte dado, en Su gracia inescrutable, a Jesús y, juntamente con Él, todas las cosas. Aquel que aceptó al Hijo se puede gozar con Pablo cuando dice “…¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”.
Por Wim Malgo



