
“Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”.
Hebreos 12:12-13

La táctica del combate de la fe consiste en la ejecución de las órdenes del Comandante en las siguientes áreas: marcha, preparación, seguridad y abrigo. Como hijos de Dios nunca podemos retroceder, sino que siempre debemos seguir adelante. Tampoco podemos darnos el lujo de cesar el fuego, debemos mantener la bandera en alto. La preparación significa conocer los movimientos del enemigo. ¿Por qué? “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones”. Solo puede ser un soldado de Jesucristo aquel que entregó su propia voluntad, en forma incondicional, a Él: “Yo no fui rebelde, ni me volví atrás”. Sin embargo, aquel que, como Pablo, anda en absoluta obediencia a Jesucristo, también reconoce la realidad y la táctica del enemigo. Es eso lo que el apóstol está diciendo al escribir: “…pues no ignoramos sus maquinaciones” (las de Satanás). Pablo conocía la astucia del enemigo, pero también conocía la victoria de Cristo. Por eso fue victorioso en la batalla de la fe y, al final de su vida, al mirar hacia atrás, pudo testificar: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”.
Por Wim Malgo



