
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”.
Filipenses 3:7

Lo que Pablo le escribe posteriormente a los filipenses sobre sí mismo, explica por qué este hombre, poco después de su conversión, ya era tan poderoso en la oración. Varias veces Pablo repitió que consideraba todo como pérdida, con tal de ganar a Cristo. Desde esa posición, él podía orar con todo el poder. En términos humanos y espirituales había fracasado totalmente. Estoy convencido de que en el mismo momento en el que Pablo oraba había miles de personas más que lo hacían, pero el Señor solo dice respecto de Pablo a Ananías: “Porque he aquí, él ora”. ¿Por qué? ¿Por qué no menciona a ningún otro cristiano? ¿Cuál fue el aspecto tan especial de la oración de Pablo que lo llevó a ser oído? La respuesta es que su oración fue de todo corazón. “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él”. Esto quiere decir, en la práctica, que los ojos de Dios ven a todas las personas que oran, pero que buscan a aquellos que oran de todo corazón, que lo buscan con todo: “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.
Por Wim Malgo



