
“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”.
Salmos 25:4-5

Aquí tenemos la oración que nos es tan necesaria para obtener la dirección correcta. ¿Por qué es tan necesaria? Porque solamente los caminos de Dios son perfectos y, por eso, tan solo Su camino es un camino de bendición para tu vida. Entre los caminos de Dios y tus caminos existe un profundo abismo. La Escritura deja bien en claro hacia dónde nos conducen nuestros propios pasos: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. Por eso, es sumamente trágico cuando la vida de un hombre natural se describe de la siguiente manera: “…cada cual se apartó por su camino”. Pero ¿cómo es el camino de Dios para ti? La respuesta está en el Salmo 77:13: “Oh Dios, santo es tu camino”. Y precisamente por ser un maravilloso camino de santidad es que tan pocos lo encuentran: “…angosto el camino que lleva a la vida”. Este camino angosto no le da lugar a la vieja naturaleza. El énfasis en “santo” y “angosto” hace sobresalir la singularidad de esta senda, lo cual se aplica también a tu vida. No existe otro camino; y en este camino solamente hay lugar para dos personas: el Cordero de Dios y tú.
Por Wim Malgo



