“Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas del mar. Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene en tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre”.
Salmos 93:4-5

A través de las tempestades externas e internas, somos humillados y doblegados. ¿Para qué? ¡Para ser arraigados cada vez más en Él! ¡Oh si comprendiéramos mejor el por qué estamos expuestos a las tempestades, tempestades con vientos cada vez más impetuosos! La perspectiva divina es la siguiente: cuanto más una persona esté arraigada en Jesucristo, tanto más podrá sobrellevar victoriosamente todas las tempestades de las tentaciones. La cuestión del arraigamiento en el Señor es de vital importancia. Precisamente en nuestros días, cuando las señales del tiempo del fin son cada vez más fuertes y escuchamos en el espíritu acercarse un huracán de tremendas tentaciones, surge la temerosa pregunta: ¿Estás arraigado en el Señor Jesús? Solo podremos estar arraigados en el Eterno en la medida en que nos dejemos desarraigar de las cosas terrenales. Cuando vienen las tremendas tempestades de las tentaciones, no puedes permanecer firme solo con la teoría. En este caso, solamente el verdadero arraigamiento en el Señor Jesús te podrá ayudar. Sin embargo, en esta posición, cantarás con júbilo en medio del huracán de las tentaciones: “Con todo, yo siempre estuve contigo”.
Por Wim Malgo



