
“He aquí, he preparado mi comida…venid a las bodas”.
Mateo 22:4

Cuántas veces escuchamos, o has escuchado, esta invitación de la Palabra de Dios: ¡Ven! Prestarle oídos al llamado del Señor es lo más fácil que puede haber. Te angustias y te afliges; cavilas y no sales de los problemas, pero el Señor clama: “¡Ven! ¡Tú que estás solo, ven a las bodas del Cordero, porque todo está preparado!”. La comunión con el Padre y con el Hijo es una realidad para aquellos que creen. Juan escribe en su primera carta: “…nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”. Por lo tanto, ¡ven! En especial tú, hermano cargado, y tú, atormentada hermana, ¡ven también! ¿Qué es lo que el Señor Jesús te pide que hagas? ¿Acaso te pide cumplir con peculiares ejercicios espirituales, días de silencio, alguna búsqueda de algo nuevo, de mejores lugares de descanso? ¡No! El Señor lo dice tan simple pero tan seriamente: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados”. Y, entonces, al llamado de venir agrega la promesa: “Yo os haré descansar”. Estoy consciente de que Satanás quiere agitarte, de modo que no tengas un momento de tranquilidad para acercarte a Jesús. Aun así, escucha lo que el Señor te dice: ¡Ven! Y a quien quiera que venga a Él, jamás lo apartará de sí. ¡En Jesús hay mucho perdón!
Por Wim Malgo



