
“Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita”.
2 Timoteo 3:5; RVA-2015

¿Por qué el creyente en nuestros días se inclina más y más hacia lo que es únicamente apariencia? ¿Por qué la fachada es afirmada y defendida con vehemencia, mientras que la esencia, lo verdadero, se apaga cada vez más? El asirse de la apariencia, del engaño, va aumentando, por lo tanto, cada día que pasa. Esto acontece cada vez más porque la manifestación del cristo aparente, del anticristo, no está lejos. Cuanto más andemos en la luz, en oración y junto a la Palabra de Dios, más capaces seremos de distinguir lo verdadero de lo falso, lo esencial de lo aparentemente esencial. El que tiene al Espíritu de Dios tiene el espíritu de la verdad; este tiene la unción del Espíritu y no tiene necesidad de que nadie le enseñe. Esto quiere decir que esta persona, cuando llega a una iglesia, tiene el discernimiento para ver si Jesucristo realmente está en el centro de ella o si solamente se mantiene la apariencia. En este contexto, quiero hacer una seria advertencia. En el momento exacto del arrebatamiento, ocurrirá la separación entre lo verdadero y lo falso, entre el creyente realmente renacido y el cristiano nominal. Por lo tanto, hago la pregunta: ¿Es una realidad, en tu vida diaria, el estar crucificado juntamente con Cristo?
Por Wim Malgo



