
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.
Apocalipsis 21:4

¡Lo mejor todavía está por venir! Nos aguarda el encuentro con el Santo de los santos. El Señor ha preparado una bienaventuranza inimaginable para aquellos que le aman. La misma no puede ser descrita, ya que “cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. Sin embargo, el Señor, en su Palabra, compartió cosas bien concretas sobre la gloria eterna. Por ejemplo, leemos en el libro de Isaías: “…y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor”. Eso significa que los glorificados ya no han de llorar más, ya que la razón interna de su tristeza fue abolida. Ningún sufrimiento ha de entristecernos, ni los recuerdos de la muerte ni ningún otro perjuicio nos dejarán heridos o entristecidos. Allá no habrá más lloro, pues nuestra santificación estará completa. Quienes fueron comprados por la sangre del Cordero, nunca más serán apartados de la presencia del Dios vivo por aquellos de “corazón malo de incredulidad”. Allá estaremos delante de Su trono y seremos transformados a la imagen de Su Hijo. En aquel lugar dejarán de ser afligidos aquellos que, ya aquí en la tierra, dejaron de pecar.
Por Wim Malgo



