
“Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”.
Marcos 4:38

Esta tempestad es una clara ilustración de la tempestad que ruge en la vida de cada creyente, entre el oír y el experimentar la Palabra de Dios. El camino que lleva de la teoría a la experiencia de la victoria se llama fe, y también suele ser un viaje turbulento. ¡Ahora, presta atención al hecho de que la tormenta comienza exactamente en el momento en que Jesús se encuentra a bordo! Precisamente por estar a bordo es que vino esa aterradora tormenta. ¡Pero, por otro lado, Él es la garantía de que no nos vamos a hundir! Existen vendavales negativos y positivos. Muchas veces es la ira de Satanás la que nos sacude interior y exteriormente; pero muchas otras veces estos vendavales vienen de Dios, que nos prueba a ver si permanecemos firmes en Él por la fe. La tempestad que experimentaron los discípulos provocó una situación peligrosa, ya que las olas no solo golpeaban contra el barco, sino que también entraban al mismo “de tal manera que ya se anegaba”. Ya es una gran prueba cuando las olas comienzan a rugir a nuestro alrededor. Pero cuando, además, entran “al barco” de nuestra alma, realmente estamos en apuros. ¡Pese a eso, en esas horas, Jesús está muy cerca de nosotros! Está escrito: “Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal”.
Por Wim Malgo



