
“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero”.
Apocalipsis 7:9

El último libro de la Biblia, el Apocalipsis, nos revela la gloria del Cordero. Allí vemos la posición del Cordero delante de Dios. Solo en situaciones excepcionales el trono de Dios es mencionado sin el Cordero. En vez de eso, leemos: “Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”; o, “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero”.
Entonces, inmediatamente se nos revela al Cordero como el centro de la gloria de Dios y, esto, por toda la Eternidad. La vida eterna jamás existe sin el Cordero de Dios: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”. El Padre le dio al Cordero el registro de los salvados, y solamente aquel que recibió la naturaleza del Cordero en su nuevo nacimiento, podrá verlo un día: “Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.
Por Wim Malgo



