
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
Romanos 5:8

El Espíritu Santo señala continuamente hacia Jesús, la prueba viviente del amor de Dios para con nosotros. Cuando José, el hijo predilecto de Jacob, fue vendido a una caravana que viajaba hacia Egipto por sus celosos hermanos, difícilmente podía imaginarse que Dios tan solo tenía buenas y amorosas intenciones para con él. A través de la vida de José, el cual fue vendido por su hermano Judá en veinte monedas de plata, Dios proyectó a Jesucristo, quien fue vendido por treinta monedas de plata miles de años después. ¡Qué profundo misterio profético: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”! Eso es también lo que Dios quiere lograr en tu vida, enseñándote a decir que sí a los caminos difíciles y a las dificultades que Él permite que te rodeen. En otras palabras: por medio de ti, Él quiere señalar hacia Jesucristo y, de esa forma, revelar su insondable amor para el mundo que te circunda. Es esto precisamente lo que Pablo quiso decir cuando exclamó: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”. Esto significa que debemos transformarnos de tal forma que seamos semejantes a Jesucristo, llegando a estar de acuerdo, de buena voluntad, con calma y con alegría, con cada camino en el que Dios nos coloque, para que Su amor sea manifestado.
Por Wim Malgo



