
“De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”.
Juan 21:18

El Señor le dice a Pedro: “Tú te manejas a tu antojo, pero llegará el día en que serás conducido hacia donde no quieres”. Me gustaría decir que siempre debemos tener la convicción de que es el Señor quien nos conduce. Somos conducidos por Él incluso cuando ni siquiera lo percibimos. Respecto a eso tenemos diferentes promesas en la Biblia. Mencionemos tan solo el Salmo 32:8: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. Pese a eso, muchos creyentes, en vez de ser conducidos por el Señor, son engañados y transitan otros caminos. ¿Cuál es la razón por la cual no distingues el camino? Es tu voluntad propia, que está maldita, oscurece tu visión y te trae gran aflicción. Vuélvete hoy, una vez más, hacia Él y di: “Toma cuenta de mi vida totalmente, oh Hijo de Dios”. Entonces, Cristo te conducirá hacia donde tú no irías por tu propia naturaleza, hacia el Calvario; pero, por amor de Su nombre, Él te conduce por el camino recto, ya que prometió que había de conducirte, y de acuerdo a Su visión te daría consejo.
Por Wim Malgo



