
“Entonces los cielos pasarán con grande estruendo; los elementos, ardiendo, serán deshechos, y la tierra y las obras que están en ella serán consumidas”.
2 Pedro 3:10; RVA-2015

¡Cómo han cambiado las cosas el año pasado, sin duda alguna! Los hombres cambian. Los buenos amigos se convierten en enemigos. Las personas sanas enferman y fallecen. El mundo cambia y va pasando. Las catástrofes de la naturaleza aumentan. El clima va cambiando, y nada permanece tal como era. La Palabra de Dios dice: “Ellos perecerán, pero tú permanecerás. Todos ellos se envejecerán como un vestido; como a ropa los cambiarás, y pasarán. Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán”. Nos acercamos a un gran y terrible juicio. Bienaventurado el que está al abrigo de la “ira venidera” en la eterna e incambiable Roca, Jesucristo. Jesús dice: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis”. Aunque todas las cosas pasen, Él no pasará. Él permanece para siempre, y nosotros con Él, pues: “Nadie las arrebatará [las ovejas] de mi mano”, “…ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”, y finalmente: “¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos!”.
Por Wim Malgo



