
“Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos ardientemente al Salvador, el Señor Jesucristo”.
Filipenses 3:20; RVA-2015

La Biblia parte del hecho de que nosotros, los que creemos en el Señor Jesucristo, ya tenemos nuestra ciudadanía en el Cielo mientras todavía estamos en la tierra. Ya no tenemos que buscar la ciudadanía celestial, sino que podemos empezar a vivir como ciudadanos del Cielo. Pero ¿cómo se hace realidad esto aquí en la tierra? Leemos la respuesta en Colosenses 2:6: “Andad en él”. Puedo estar en Cristo y Él en mí. De esta manera ando en Él. Esta es la manera de vivir de un ciudadano celestial. Jesús ascendió al Cielo en Su cuerpo glorificado, y allí está sentado a la diestra de Dios. Sin embargo, Él ahora también está, al mismo tiempo, en el Cielo y en la tierra, solamente que al revés. Mientras está sentado con el Padre, mora por el Espíritu Santo en nuestros corazones, como dice Efesios 3:17: “…para que Cristo habite en vuestros corazones por medio de la fe”. Ahora reconocemos este maravilloso efecto recíproco: mientras vives en tu cuerpo en este mundo, tu espíritu ya está en el Cielo. 1 Juan 2:6 menciona la irremisible consecuencia de este hecho: “El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo”.
Por Wim Malgo



