
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”.
Hebreos 10:10

¿Qué es la santificación? Su significado más profundo lo encontramos en Hebreos 13:12: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta”. A esto le sigue la exhortación a la santificación: “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio”.
Jesús salió fuera del campamento con el fin de santificar, y nosotros también debemos salir fuera, en su dirección, para ser santificados; pero la pregunta que surge en primer lugar es esta: ¿Estás dispuesto a ser santificado, a ser separado del mundo para ser solamente de Jesús? ¿Tienes el deseo de abandonar a las personas, las propiedades y las cosas, a fin de estar totalmente unido a Cristo? El camino de la santificación es un camino solitario, ya que conduce hacia afuera, nos separa para nuestro Señor. Este camino nos lleva hasta donde Jesús también estuvo: no tan solo a estar cerca de la cruz, sino a estar en la cruz misma. La santificación es vitalmente necesaria, pues si no queremos ir hasta donde Jesús fue cuando se entregó de forma total, no llegaremos hasta donde Él se encuentra ahora. Por eso, la carta a los Hebreos dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. El tiempo apremia, la hora del encuentro con Jesús en las nubes se aproxima con gran rapidez. Tengamos bien presente la sumamente seria exhortación de la Palabra, que dice: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”.
Por Wim Malgo



