
“Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd”.
Marcos 9:7-8

¿Será que yo espero única y exclusivamente al Señor Jesús, o tal vez mi esperanza está dividida? Si de verdad únicamente le esperamos a Él, eso se manifestará en nuestra rutina diaria: por la fe estaremos entrenados para ver solamente a Jesús, a pesar de todas las tentaciones, desilusiones y de toda la oscuridad que nos rodea. Esa fue también la experiencia de los tres discípulos de Jesús en el monte de la transfiguración. Ellos “cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo”.
A medida que esperamos y perseveramos más en Él, más se manifiesta su poder en nosotros y a través de nosotros. Así también está escrito en el conocido pasaje de Isaías 40:31: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. La Biblia no es abstracta, sino que siempre es verdadera, viva y muy concreta. Es así, por ejemplo, que Dios no nos dice: “¡Sé espiritual!”, sino: “¡Camina conmigo!”. ¡Haz eso hoy mismo!
Por Wim Malgo



