
“Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”.
1 Tesalonicenses 5:6

El Señor glorificado le habla de forma conmovedora a la iglesia de Sardis y también a nosotros por medio de su Palabra: “Sé vigilante”. Es que hay tres cosas en las que nos dormimos espiritualmente: la oración, la Palabra y el testimonio.
1. Estar despierto en la vida de oración significa que tomamos en serio el poder de la misma, que “antes que nada” estamos de rodillas luchando, que clamamos a Dios sin cesar, porque sabemos que Él oye las oraciones. El Señor te espera ahora. Tal vez Él ya te estuvo esperando todo el día, ansioso de que tú le busques en oración. Él es quien da la bendición, pero “no tenéis lo que deseáis, porque no pedís”.
2. El sueño con relación a la Palabra es igualmente engañoso. ¿Te afirmas en las promesas que el Señor te dio? La voluntad de Dios, con relación a nuestra santificación, está en la Biblia de la misma forma y con el mismo énfasis con que el Señor expone en ella Su voluntad de salvar a todos los hombres.
3. Solo tiene poder y autoridad espiritual aquel que ora victoriosamente, que toma la palabra en serio, que no se deja detener por el cansancio mental, sino que continúa implorando delante del trono de la gracia de Dios hasta ser atendido. ¡Únicamente quien tiene una vida de oración, por la Palabra de Dios, logra tener un testimonio vibrante y eficaz!
Por Wim Malgo



