
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Efesios 6:12

Un hijo de Dios está sujeto a grandes tentaciones. El silencio de los cementerios es un silencio de muerte, pero donde hay vida, hay lucha. Una persona que sabe que resucitó con Cristo y, por tanto, ha renacido, también sabe que será tentada de forma violenta por Satanás. El Enemigo le manda adversarios que lo difaman por causa de su fe y hace que la persona renacida tenga muchas luchas con las tendencias naturales y con los instintos carnales. Un cristiano nominal no precisa temer ese tipo de cosas, pues él no representa un peligro para el reino de la oscuridad. Mas el verdadero hijo de Dios siempre está a la ofensiva, con relación al reino de las tinieblas. Con respecto a eso, Efesios 6 es su armadura. La persona que es renacida sabe que el Señor la dejó aquí en esta tierra para anunciar el evangelio libertador a otras almas que aún están presas del enemigo. Así como mi “sí” para con Jesús es activo, el “no” del diablo, con respecto a mi persona, también es activo. ¿Ya te ha tocado derramar lágrimas por causa de las tentaciones interiores y exteriores? Esta es una buena señal. El Señor Jesús dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.
Por Wim Malgo



