
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna”.
Juan 6:47

Tan solo hubo tres personas sobre esta tierra que fueron totalmente puras en cuerpo, alma y espíritu: Adán y Eva, antes de caer en pecado, y Jesucristo. Los dos primeros seres humanos fueron perfectos, sin pecado, hasta que Satanás los sedujo y arrastró al mismo; pero Jesús nunca cayó en pecado. Él nunca ofendió a alguien, ni por medio de palabras ni de hechos. Como Él tenía un rotundo “no” hacia el pecado, tampoco fue contaminado en medio de los peores pecadores. Jesús no fue una parada transitoria del pecado, sino que fue la estación terminal. Precisamente, debido a que Él estaba separado del pecado y no participó de ningún acto oscuro, pudo comer y beber con los pecadores, tocarlos con sus benditas manos y curar a muchos enfermos. Jesús, el Hijo de Dios, se hizo hombre como tú y yo. Él se hizo semejante a nosotros en todas las cosas; fue tentado como nosotros, pero, al contrario que nosotros, nunca pecó. Jesús podía decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Aquel que acepta ahora a Jesús por la fe, es transformado otra vez a imagen y semejanza de Dios, porque es remodelado a imagen de Cristo. Este es el plan y la meta de Dios para ti.
Por Wim Malgo



