
“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida”.
Lucas 12:35-36

Esperar a Jesús también implica velar, ya que solo en la posición de quien vigila demostramos que lo estamos esperando. Hace varios años, debido a mi ministerio, muchas veces llegaba tarde a mi casa. A veces era de madrugada cuando finalmente llegaba; pero mi esposa me estaba esperando siempre. Ya desde lejos podía ver que la luz de mi casa estaba encendida. Una persona que espera al Señor Jesús es también un fervoroso misionero. Por eso, el Señor dice: “Estén… vuestras lámparas encendidas”. ¡Estén prontos para el viaje, ciñan sus lomos! Al esperar por Él, somos afirmados en su maravillosa obra de salvación: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”. En otras palabras, esperar en Jesús para salvación está intrínsecamente relacionado con Su primera venida, en la cual cargó nuestros pecados. Cuanto más nos hacemos uno con Él, identificándonos con Su muerte en la cruz, tanto más viviremos en la esperanza de que ha de venir en breve. La cruz y la corona se unen.
Por Wim Malgo



