
“Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él”.
2 Crónicas 16:9

La creciente aflicción de nuestros días no es consecuencia de las grandes catástrofes, como los terremotos, el hambre y las inundaciones que existen en todas partes. Según mi parecer, el mayor peligro está en el cristianismo de los tiempos finales, que se debate entre el sí a Jesús y el sí al pecado, inclinándose de un lado al otro y hallándose en una situación intermedia que puede ser fatal. El Señor glorificado describe esta posición, de forma acusatoria, con esta palabras: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Ser tibio es estar a una temperatura peligrosa. Es ese estado de ambigüedad espiritual, inspirado por el espíritu del Anticristo que se propaga cada vez más, a medida que se aproxima la venida de Jesús y, con esto, el juicio final. Una pregunta: ¿Eres tú un hijo de Dios? Puede que respondas: “Espero que sí” o “Me gustaría serlo”. Sin embargo, si no puedes dar una respuesta categórica a esta pregunta concreta, entonces no eres ni una cosa ni la otra. Tú eres lo que el Señor Jesús llama “ni frío ni caliente”, es decir, ni incrédulo ni creyente fervoroso. Tú, que aún no eres salvo, ¡conviértete hoy, ya que, evidentemente, no te queda mucho tiempo más!
Por Wim Malgo



