
“Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor”.
Isaías 54:8

En la Biblia, muchas veces la palabra “pero” simboliza períodos de cambio, momentos en que la situación vigente se vuelve completamente diferente de un momento a otro. Y cuando es usada en relación con el Señor, muchas veces significa gloria. Cuando José se encontraba en gran opresión en Egipto, leemos: “Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel”. Este hecho transformó su celda en un palacio, pues donde está el Señor, allí hay luz y resplandor; nunca puede estar oscuro.
Cuando Coré se rebeló contra Moisés, la Biblia dice: “Entonces, la gloria de Jehová apareció a toda la congregación”. La gloria del Señor fue para Moisés el “entonces”, el “pero” divino y salvador. Todo quedó claro y resplandeciente a su alrededor cuando se manifestó la gloria de Dios.
Lo mismo también sucedió con nosotros. Cuando todavía estábamos bajo el poder de las tinieblas y éramos hijos de ira, como también los demás, y nos encontrábamos sin salvación, en las garras del enemigo, resonó en el universo el todopoderoso “pero” de Dios: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”. Y, a la luz de estos hechos, ¿no debería ser nuestra vida una adoración y una alabanza a nuestro Señor?
Por Wim Malgo



