
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor”.
1 Corintios 16:13-14

¿Qué sentido tiene un automóvil sin motor? ¿Qué sentido tiene un cuerpo sin espíritu?
¿Qué sentido tiene una persona renacida sin una fe victoriosa? Es importante que nos hagamos esta pregunta ya que en nuestros días no solo presenciamos una devaluación de todos los valores materiales, sino que, además, la inflación de la fe es un hecho consumado. ¡La fe ya no es victoriosa! Sin embargo, la Escritura enfatiza la indivisibilidad de estos dos hechos: nuestra fe “es la victoria que ha vencido al mundo”. No dice: “nuestra fe produce la victoria”, sino que nuestra fe “es la victoria que ha vencido al mundo”. Debemos confesar que no hacemos más que engañarnos cuando la fe está desconectada de la victoria. Y esa es la razón por la que Pablo advierte: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe, probaos a vosotros mismos”. En otras palabras: ¿dónde está el motor de tu fe? Sin él no va a suceder nada, falta la victoria, falta el poder y la alegría. ¿Por qué está todo detenido? Mis amigos, esa cuestión es de vital importancia. Ese es también el motivo por el cual Pablo clama: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos”.
Por Wim Malgo



