
“Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová. A Jehová pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo”.
Salmos 116:17-18

Tan solo lograremos entender y experimentar lo que verdaderamente significa este “ofrecimiento de sacrificio de alabanza” si seguimos el camino que lleva hasta el interior del santuario. La puerta del santuario se nos abre cuando damos gracias por el don inefable de Dios, Jesucristo, cuando lo alabamos por Su preciosa sangre derramada y por Su “carne”, la cual es Su cuerpo, que entregó por nosotros. Entrar por la puerta del santuario hasta la presencia del Dios Santo, por medio de la alabanza, significa entregarte a ti mismo a Aquel que, por medio de Su sangre y Su carne, se entregó por nosotros. Entonces, repentinamente, comprenderemos lo que significa la expresión “ofrecer a Dios sacrificios de alabanza”. Tenemos la tendencia de separar las cosas que el Padre unió, pero esto no funciona, ya que desde la perspectiva divina son inseparables. Es así que, por ejemplo, no podemos ser uno con Jesucristo y a la vez vivir para nosotros mismos. Igualmente, no podemos dar gracias a Dios sin, al mismo tiempo, traerle sacrificios con alegría. Aquel que separa la alabanza de los sacrificios pierde su alegría en el Señor. “Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo”.
Por Wim Malgo



