
“Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!”.
Apocalipsis 19:6

Como hijos de Dios que vamos rumbo a esa gloria eterna, ¿no deberíamos tomar ejemplo de aquello a lo cual el Cielo le presta tanta atención y le dedica tanto tiempo? ¡Descuidamos totalmente la alabanza para con nuestro Señor! Si la tarea más relevante de los ángeles consiste en alabar a Dios, debe haber una razón muy significativa para eso. Si el Cielo considera que es justo e importante que el Altísimo sea alabado día y noche por los querubines, entonces eso debe tener poderosos resultados (compare Apocalipsis 4:8-11). Examinemos en concreto el asunto desde esa perspectiva: si la tarea más importante de los ejércitos celestiales consiste en alabar a Jehová, entonces, lógicamente, la tarea primordial de los hombres también debería consistir en la adoración, en la alabanza y en el agradecimiento al Señor. Al alabar y adorar a Dios, somos transformados paso a paso, de gloria en gloria, en la semejanza del Eterno. Por eso, quiero decir que la adoración es la actividad más significativa; la misma le da a Dios la posibilidad de alcanzar la meta más elevada del universo, la cual es conducir a muchos hijos e hijas a la gloria.
Por Wim Malgo



